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No dependas de nadie en este mundo, porque hasta tu sombra te abandona cuando estás en la oscuridad.
  • Nunca se puede dictar en el corazón de alguien.

  • La luna que te ilumina me confesó un secreto: me contó que me querías y me dijo que te amara.

  • No hagas que te abran la puerta del corazón si sólo vas de paso.

  • Regálale tu ausencia a quién no supo valorar tu presencia y recuerda que quién mucho se ausenta pronto deja de hacer falta.

  • Un hombre sincero no te mentirá, un hombre inteligente no te perderá y un hombre de verdad no te decepcionará.

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TRATANDOSE DE USTED

miércoles, 14 de diciembre de 2011
María Rosal


Y qué puede importarnos
que los dioses estén de vacaciones,
que bailen casquivanos
en ferias y verbenas,
si luego llegas tú
y levantas mi falda
y hurgas en mi carne.

Muro contra la soledad
son estos versos
que sientes en la boca
como un fusil amable.
Cómplice tu mirada,
sólo te pido, en fin:
perdóname este asalto,
abuso de confianza,
para conmigo misma.

E-MAIL

miércoles, 16 de noviembre de 2011
María Rosal

Mi amor no tiene rostro.
Sólo tiene palabras luminosas.
Mi amor es puntual
y cada noche
recojo en mi buzón
su mensaje cifrado.
Enciendo el aparato, parpadea...

Escribe con mayúsculas los besos
y acaricia su cuerpo en letras de colores.
No hay temor al contagio.
Tan sólo su locura me estremece
y yo se la devuelvo
en megabytes desordenados,
-ebria de amor,
ya libre-, acariciando
mi sistema binario desbocado,
mis ventanas al viento con el alba,
el CD Rom tan terso, la memoria...

Tantas noches de amor son un regalo.

COMO EN TODOS LOS CUENTOS

miércoles, 13 de abril de 2011
María Rosal

Era bello y prohibido, lo que hacía
aún más deseable su estatura,
el arco de su pecho, su grandeza,
su forma de mirar, como una herida.
Era altivo, inasible. Nos tenía
bajo el yugo febril, en la penumbra
del amor incumplido largamente.

Sabiéndonos perdidas, decidimos
que no importaba el precio: la victoria
habría de ser su piel o nuestra vida.
Bajo un cielo de neón de luna muerta
velamos nuestras armas. Apostadas
en el rincón canalla, en la espesura
del último garito, dispusimos
el cerco tras el horno, imaginando
que bien valía el botín tanta batalla.

Era hermosa la noche. Consintieron
los dioses que el combate se inclinara
a mi estrella. Cuerpo a cuerpo, feroces,
desnudos y silentes demoramos
la huida. Mas cuando despeñamos erguidos
los deseos y coloqué mi beso
sobre su frente esquiva, como en todos
los cuentos se deshizo el hechizo
y mi príncipe-rana se perdió con la noche.