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No dependas de nadie en este mundo, porque hasta tu sombra te abandona cuando estás en la oscuridad.
  • Nunca se puede dictar en el corazón de alguien.

  • La luna que te ilumina me confesó un secreto: me contó que me querías y me dijo que te amara.

  • No hagas que te abran la puerta del corazón si sólo vas de paso.

  • Regálale tu ausencia a quién no supo valorar tu presencia y recuerda que quién mucho se ausenta pronto deja de hacer falta.

  • Un hombre sincero no te mentirá, un hombre inteligente no te perderá y un hombre de verdad no te decepcionará.

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CON ECOS DE CASA VACÍA

miércoles, 31 de octubre de 2012
Carmen Matute


Con ecos de casa vacía
resuena tu nombre
y se pierde
en el laberinto de mi lengua.
Desde este túnel
donde aún busco mi muerte
-madre-
de nuevo me atas
al iluminado árbol de la vida,
aunque tú y yo sabemos
que un ataúd espera
por mi rostro sin máscaras,
mi cuerpo desnudo,
mi corazón de polvo.

CARTA AL AMANTE

miércoles, 18 de abril de 2012
Carmen Matute

Por recorrer tu piel a pedacitos
olvidé la piel agrietada
de la patria,
dejé de andar por sus caminos,
no llegué hasta sus aldeas,
ignoré el hambre y la violencia,
sumergida en un orgasmo inacabable.
Así me fui volviendo caracol.
Me fui volviendo tortuga,
oculta en las profundidades de su casa.
Vivía inútil, cantando
como la cigarra de la fábula.
Mi casa no tenía puertas ni ventanas.
Monumental, ¡el egoísmo me envolvía
en su crisálida!
Sin embargo, nuestro amor crecía.
Nuestro amor, que ha sido
un diálogo de años.
Un amarnos a besos,
a golpes a mordiscos.

AUTORETRATO

viernes, 20 de enero de 2012
Carmen Matute


Mentira:
el perfume
la voz
el encaje
la mujer de plástico
flor y ángel.

Verdad:
esqueleto y piel
angustia
pensamiento
eterna herida
inacabada.

AMADO

miércoles, 2 de marzo de 2011
Carmen Matute


Fui agarrándome de ti,
de tus ojos,
campanarios llenos de palomas,
y tu pecho
encendido como un lucero sólo.

Caminé desesperada
en los senderos
trazados por tus venas
y me así
a tus riñones
y testículos,
a tus orejas
y tu lengua.

Golosa
bebí con gratitud
láudano en tu boca
y me detuve
por siglos en tu sexo:
lo exploré
con soles diminutos
nacidos en las puntas de mis dedos
y cárdenos frutos mancillados.

Copié tu mirada,
doblé tu risa,
y lúbrica mordí
tu agonía con los dientes.